with or without you
Y me repondré, como hago tarde o temprano con todo. Y seguiré adelante, que éso si que se me da bien.
(No te preocupes por mi, una vez me dijeron que yo estaba hecha de otra pasta...)
Extrañamente, yo
Me pilla todo, y yo por ahí, decopas, derisas, debesos. Con la conciencia tan tranquila que hasta en el ruido de esta gran ciudad creo oir silencios. Pero yo ya no me embargo, porque no vale la pena
* Y aunque sea fuera de contexto, quiero darte las gracias, por haber hecho de mí alguien fuera del montón, aunque hayas tardado cinco años en contármelo... Gracias, Gracias, Gracias.
Último vals
no importa que no merezca más tu atención
así se hacen las cosas en mí familia
así me enseñaron a que las hiciera yo
permite que te dedique la última línea
no importa que te disguste esta canción
así mi conciencia quedará más tranquila
así en esta banda decimos adiós
...y al final
te ataré con todas mis fuerzas
mis brazos serán cuerdas al bailar este vals
...y al final
quiero verte de nuevo contenta
sigue dando vueltas
si aguantas de pie
permite que te explique que no tengo prisa
no importa que tengas algo mejor que hacer
así nos podemos pegar toda la vida
así si me dejas no te dejaré de quereR.

Siempre nos quedará MadriZ...
Vientos Càlidos
Kylie Minogue ha vuelto, España sueña, y yo me siento tranquila y feliz, lo cual se merece unos minutos delante del ordenador, a pesar del riesgo de llegar tarde a nuestra cita con el mundo en Trocadero.
Lo que ocurre realmente es que hoy, para no cambiar bruscamente las costumbres de mis dìas libres, me he despertado y me he quedado horas, sì, horas, remoloneando. Y es que si ya de por sì me cuesta levantarme, està claro que el calor de Julio no colabora a hacerme salir de la cama... Ha sido una sucesiòn de 3o minutos, màs otros 30, màs un poquito màs. Asì de dignamente he perdido esta mañana, y sin remordimiento alguno, que conste.
Pero es que yo soy feliz con esta manera tan tonta de regocijarme entre las sàbanas, con la pereza pegada al cuerpo, con tus sonrisas recorriéndome las venas, con tu forma de ver la vida arrebatàndome la escasa sensatez que existe en mì. Se pasan los minutos por cientos dentro de esta burbuja que no necesita nombre, que no lo quiere tener de tan indescriptible que es. Se compone de un Tù y un Yo, no necesita màs. Se alimenta de los "tu me manques" que me envìas desde ciudades que no sé ni còmo se escriben, de mis mensajes cuando he bebido demasiado, de una carta que ha atravesado nubes y continentes para decirme que no me olvidas, de proyectos que empezamos desde el tejado. Te has empeñado en que conocernos en estas circunstancias no es casualidad, y a mì me da la sensaciòn de que me estoy lanzando al vacìo desde un décimo piso, y en lugar de preocuparme por la caìda brutal que seguramente me espera ahì abajo, cierro los ojos y aprieto tu foto contra mi pecho, de nuevo palpitante, loco, soñador, y vendo mi poco sentido comùn al màs bajo postor a cambio de que vuelvas y de que la vida nos dé una oportunidad.
Capítulo I (o Inicio del Delirio)
¿Pero qué puedo perder?
¿¿La vida??
(Casi prefiero que me sea retirada con la mano en el corazón un buen día de verano
antes que de vejez, un frío día de invierno)
¿De dónde proviene el agua con gas natural?
Lo que no está escrito en la Wikipedia es cómo, en cuestión de horas, has conseguido robarme el corazón, llevándotelo contigo a un remoto país llamado Costa de Marfil, ni más ni menos que a desactivar minas antipersona.
Ésto no hay quien me lo explique, ni tengo palabras suficientes para hacer que los demás lo entiendan, pues ni yo misma acabo de asimilar la situación...
Él me habla de destino... yo creo que me he vuelto loca.

- No estás loca, pero prepárate, estas cosas son de las que van para largo (Me ha dicho tranquila y serena al poco de que España recibiera el primer y último gol por parte de Chile, lo cual me da ganas y fuerzas para esperar... o para ir a buscarte en caso de que la impaciencia pueda conmigo)
Si le preguntaran por qué llegó hasta allí, a un lugar que a simple vista cualquiera calificaría de "desesperados", a uno de esos lugares a los que la gente que se hace pasar por "normal" no va, seguramente Miriam pensaría que era una de esas preguntas demasiado largas de responder para alguien que muy probablemente no esté dispuesto a querer entender la respuesta. Y si ella estaba allí es porque ya no le quedaba nada que perder, y puede que a las malas sacara algo en claro, aunque sólo fuera el hecho de que aquello no había valido para nada.
Estaba sentada en lo que parecía una vieja silla de madera. Las manos libres, marcharse o no era algo que dependía sólo de ella. No había ido para ser castigada, ni juzgada, si no para ser libre.
A pesar del secretismo, no estaba asustada. No sentía miedo. De éso estaba segura. Quizás tenía dudas, pero miedo no. Su respiración era tranquila. Se dijo que ya había pasado por cosas peores, cosas que la aterrorizaron, y que ésto, al fin y al cabo, no sería para tanto. Lo mismo hasta salía riendo de aquel lugar
Al estar en ese estado de ceguera pasajera, el resto de sus sentidos se dilataron, como ya lo hicieron una vez por simple supervivencia, como lo hacemos todos cuando algo nos dice que el peligro en cualquiera de sus multiples formas merodea a nuestro alrededor, que no lo vemos, pero lo olemos, lo intuimos, lo presentimos, y hacemos del "ver para creer" algo pueril y de poca ayuda.
En cualquier caso no había hecho caso del anuncio para ver nada ni a nadie, lo que le quedó aún más claro cuando de nuevo unas manos rápidas, acostumbradas, le apretaron un poco más la venda, sin llegar a hacerle daño, sólo haciendo aún más negra la oscuridad.
- ¿Estás lista? (le dijo en forma de susurro una voz de mujer)
- Sí, sin duda.
- Bien, cuando quieras (Miriam fue capaz de dislumbrar una sonrisa que la apoyaba, dándole ánimos, como si aquella voz ya hubiera estado antes en esa misma silla).
A pesar de su aplomo y seguridad, dejó pasar varios minutos antes de volver a emitir sonido alguno. De pronto, de sus labios finos emanó una inesperada inquietud, sonrieron tímidos.
- Estoy aqui porque no tengo nada que decir.
Esperó a que aquella voz tranquila la interrumpiera. Esperaba un reproche, una burla irónica, pero ninguna voz se pronunció, lo que le dio ganas de retomar la palabra.
- Es verdad, puede que le sorprenda pero le aseguro que estoy aqui porque no tengo nada que decir. La calma y el sosiego han entrado en mí a fuerza de haberles llamado a gritos, creyendo que era lo que necesitaba, y ahora no lo soporto, no sé qué papel juego en mi propia vida...
Miriam hizo una pausa, pero pronto entendió que una vez más nadie hablaría. Lo que no se imaginaba es que había casi una decena de hombres y mujeres alrededor de ella, en su misma situación, con vendas similares, con la única diferencia de que ellos, al oir su voz, supieron que no estaban solos en su locura mucho antes que ella, pero ninguno de entre ellos sería capaz de calcular cuántos timbres de voz distintos llegarían a escuchar. Alguno se sintió aliviado por el hecho de no ser el primero, debió haber también quién no esperara compañía en aquel lugar remoto. Al parecer no estaban tan solos como podían haber imaginado en un principio.
Miriam prosiguió, esta vez con más ganas.
- Creía que quería paz, que la necesitaba. La busqué, durante meses la deseé con todas mis fuerzas... y ahora que siento que impregna todo, cosa que debería hacerme sentir satisfecha, me desagrada. Me ha dejado sin fuerzas. No sé si es que he recibido una dosis demasiado alta o si es mi cuerpo el que tiene intolerancia a la tranquilidad...
Fue al oir el rechino de maderas, seguramente por parte de aquellos a los que les empezaba a molestar la incomodidad de sus asientos, removiéndose, cuando se dio cuenta de que no estaba sola, aunque ésto no le impidió proseguir.
- Supongo que he venido porque hay algo en mí que no consigo entender... Tengo el corazón latiéndome a un ritmo que considero demasiado lento. Y no es el amor lo que me falta, éso es algo que he decidido que no quiero, al menos no ahora. No tendría sentido enamorarse, en cualquier caso no en estas circunstancias. ¿Se imaginan? ¿A mi edad?
Se ajustó la venda. Empezaba a darle calor, a resbalarse. Quizás según se iba sincerando le iban entrando los nervios. Inspiró profundamente, tras lo que retomó su discurso.
-Dígame. Díganme. Yo sólo quiero saber, y me ire... pero respóndanme ¿Qué sentido tiene esta impaciencia?. ¿Es un juego? ¿Una lucha? ¿Una prueba?. ¿Un desafío? ¿Un reto? ¿Una incoherencia? ¿Algo que echo en falta? ¿Un sueño? ¿Un develo quizás?
El peso de la corona

A menudo es aquel que se autoproclama "Salvador de Almas" el que lleva al resto al mismísimo infierno, tras lo cual acostumbra a decir: vosotros lo quisisteis. Es entonces cuando la empatía se convierte en decepción, y una vez puesta en duda la credibilidad lo único que queda que esperar es la revolución de la mano de aquellos que, hartos de laisser faire, gritan: ¡Basta!
(No le den grandes fortunas al pobre, ni autoridad al insensato)
Tú
Sigue llenando este minuto de razones para respirar
no me complazcas... no te niegues
no hables por hablar.
Y así yo conseguiré saber quién soy, a dónde voy, por qué y cuándo. Y valoraré cada instante, y saborearé el aire, y seré capaz de caminar sobre las ascuas... sabiendo que tú me esperas.
Dicen por ahí que el corazón tiene razones que la razón no entiende
Ayer hice algo que sé que para la gran mayoría no tiene cabida, algo que, según vosotros, no debería ni habérseme pasado por la cabeza... Hablo de una de esas cosas que te nacen de dentro, de aquellas en las que no paras de pensar hasta que no las conviertes en reales, de las que no importa cuántas veces me digan "No Patri, no, no lo hagas", de las que sé que si no hago me arrepentiré no un tiempo indeterminado, si no una eternidad.
No es que no lo haya podido evitar, es que no he querido. Es más: creo que era la única manera de devolverme la sonrisa tras el desagradable "incidente" del jueves pasado, una solución como otra cualquiera, una de las que me permiten mirar hacia otro lado sin necesidad de borrar lo sucedido (que de todo se aprende), como una terapia post-trauma.
Para seros completamente sincera os diré que no me lo pensé ni un instante, y a los que intentaron aconsejarme les puse esa sonrisa picarona de "dime lo que quieras, haré lo que me plazca", y se han rendido sin remedio porque saben que cuando una cosa se me mete en la cabeza, no hay más que esperar las consecuencias.
Sé que ha sido con vuestras mejores intenciones, pero a veces hay que diferenciar entre "consejos" y "pautas de vida", y sin duda os escucho, pero si hay algo que deseo de esta vida es que sea mía, lo cual me da el derecho de no haceros caso en algunas ocasiones, porque seguramente vosotros ya lo habréis vivido, pero si no me ocurre a mí nunca sabré realmente porqué no lo hice, si por vuestra capacidad de convicción o porque de verdad creía que era lo mejor para mí, y no hay cosa que me torture más que quedarme con la duda.
El caso es que entré en esos grances almacenes tan chic de Paris, directa, como si me conociera la superficie palmo a palmo (que no es el caso). Y os aseguro que iba tan decidida que sentía que nada ni nadie me podría parar, con un indescriptible subidón de confianza en mí misma que me acabó llevando ni más ni menos que al punto exacto en el que quería estar.
Eché un vistazo a la vitrina. Estaba allí por él, sólo por él. Ningún otro podría darme lo que él me da: un cierto destello cuando el Rey Sol habla, el misterio que me falta cuando me confieso ante la Luna. Es él quien me estresa con ráfagas de prisa, el que me hace suspirar ante la calma de lo que nunca llega, aquel que me dice "éste es tu momento", el que me recuerda que ya no son tiempos de decir "te quiero"... Es la seguridad, la fuerza y la confianza que me da cuando no hay nadie más que pueda decime "aún hay tiempo". Es por él y por su obsesión de recordarme el pasado que he seguido adelante. Y con él, sólo con él, veré países y amaneceres, cielos y tormentas, risas y besos.
Así que me puse a prueba, desvié la vista. Me sentí infiel.
- Buenos días mademoiselle, ¿le puedo ayudar?.
-Sí, la verdad es que sí. ¿Podría probarme ése por favor?.
- Claro, es el último modelo, seguro que ha visto la publicidad...
-Sí (le he confesé con cierta vergüenza). Soy la "s".
El dependiente, un tanto confuso ante mi determinación, me puso entonces el brazalete alrededor de la muñeca, y al hacer "click" me miró esperando mi aprobación. Yo me lo quité casi al instante, como si sólo el hecho de habérmelo probado hiciera de mi una persona al filo de una traición.
-¿No le gusta? (me preguntó sorprendido).
-Sí, es muy bonito, pero no lo siento.
Su desconcierto iba cada vez a más. Me miraba con cara de incomprensión, sus ojos negros me disparaban preguntas sin necesitad de hablar.
-Ya le digo, es muy bonito, pero no me causa nada. En realidad el que he venido a buscar es ése otro.
-Éste mismo lo tengo con la esfera negra, quizás le guste más... el otro es más... más... clásico.
-No se moleste, de verdad, quiero el otro. Yo también soy muy clásica...
Ante mi insistencia, sacó el antiguo modelo, y lo ab rió cuidadosamente con el fin de que me lo probara. Sonreí, sincera, campechana, con nervios, con alivio.
-No hace falta, éste ya sé cómo me queda.
-No importa, pruébeselo de todas formas, parece que es importante para usted, ¡como si hubieran tenido una historia juntos!
- Si usted supiera... (pensé)
Y me sentí como aquella novata del matrimonio que se prueba su alianza de compromiso, cosa que tampoco he hecho nunca, pero no puedo negar que fue mágico (por lo que simboliza) y triste a la vez ( por lo que implícitamente dejaba atrás, por lo que rechazaba voluntariamente al comprarlo).
El dependiente acabó olvidando su protocolo de manual, cada vez más interesado en la historia de esta chica de unos veintitantos, en jeans, sin maquillar y con un moño piscinero recogiéndole el pelo. Me imagino que se preguntaría porqué ése, y no otro, ningun otro, y terminó confesándome que me brillaban los ojos, que nunca había visto tanta emoción en alguien que va a comprar un simple reloj...
-Es que no es cualquier reloj... (le dije)
-¿Se le ha caído? Puede que consigamos repararlo.
Dada la circunstancia, volví a sonreir, ésta vez con resignación, pues no sabía muy bien cómo podía explicarle que no se me había caído, si no que más bien, tras un pique-nique a orillas del Sena, un tipo salido de la nada me plantó su asquerosa boca en la mía y que, tras mi gesto de "¡Ei! ¡¡pero cómo te atreves!!", plantó sin reparo alguno su mano sobre mi lado izquierdo de la cara, rompiéndome incluso el labio, y no contento todavía me derramó su vaso de whisky sobre el rostro, supongo que para dejarme bien claro que no se me ocurriera volver a tocarle (sí, la situación fue un tanto paradójica, cosas que pasan). De habérselo contado tendría que haberle dicho también que, el caballeroso individuo en cuestión, al intentar contener mis patadas y mis golpes, me agarró por la muñeca con tanta delicadeza que quebró el broche de reloj, haciendo que éste se estrellara sin remedio contra el empedrado. Me pareció demasiada información, ya no sólo porque no le conociera, si no porque pensé que alguien que intenta venderme un reloj calificando a estos objetos de simples cuando creo que son una de las cosas que más dicen sobre las personas que los llevan, no podría entenderlo.
-Sí, se me ha caído, pero no puedo repararlo...
-¿Me permite preguntarle algo?
Y ya sabía yo de antemano en lo qué se basaba tanta curiosidad.Di por hecho que en algún momento dado la relación vendedor-cliente se acabaría evaporando, que no resistiría sin preguntarme por qué me importaba tanto aquel reloj, de dónde había salido, de quién provenía... es lo mismo que se preguntan los que me conocen, aunque al tener más información sobre mí lo aplican de otra manera más concreta. Se lo preguntan aquellos que me quieren, aquellos que tienen miedo a que comprarme el mismo reloj que él me regaló sea signo de que no he superado nuestra ruptura, aquellos que se preguntan cómo es posible que sea capaz de dejar mi país sin pensármelo dos veces y que, por el contrario, no haya sido capaz de estar 48 horas sin sentir su peso en mi muñeca, mi pulso contra su acero, mi historia a través de sus minutos. Y si no le pude responder a él, mucho menos a vosotros. Lo que no deja de ser extraño es que, ahora que tengo uno a mi izquierda y otro a mi derecha, el Tiempo se ha hecho mucho más tangible. Y hasta puede que me haya pasado como decía la publicidad: que el objeto acaba dominando al poseedor, o quizás (otra idea mucho menos televisiva pero posiblemente igual de cierta) que sea lo único que, a día de hoy, me tiene enamorada.
*(Por su pasado. Por su presente. Por nuestro futuro... Larga vida a esta bella maquinaria suiza)

Tocado... y hundido
Te aseguro que en ningún momento he pretendido alterar tu calma, ni mucho menos. Tampoco he querido sacarte de tus casillas (lo cual no sé si es posible en alguien que parece vivir a base de valerianas). Lo que ha ocurrido es que, sencillamente, a última hora, como una merecida inspiración de cordura, me he dicho que sería mejor darle un ligero cambio a la situación, que cierto es que nadie me invitó a llamar a la puerta, pero teniendo en cuenta el comportamiento que he tenido contigo, considero que me has faltado el respeto de una manera tal que no podía dejarte impune... y lo he hecho sin gritos, sin portazos, sin escándalos, sin lloriqueos, sin nervios...con lo que se viene llamando Autocotrol. Lo que he hecho es mirar desde otra perspectiva, y me ha parecido que no tenía porqué ser yo la que saliera perdiendo. Así que te he metido en una burbuja, como si no estuvieras, o mejor, como si me dieras igual, y créeme, todo ésto no me es indiferente, pero mi dignidad me prohíbe permitirte esos aires chulescos que has sacado de no se sabe dónde, pues en realidad has resultado ser el clásico canalla, éso sí, bajo un conseguidísimo disfraz de corderito. Y tienes suerte, porque te aseguro que a mis diecinueve o veinte años te habría partido la cara, sin más, y me habría quedado tan a gusto, pero supongo que en éso consiste la vida, no en pegar (está claro) si no en evolucionar y en afrontar las cosas con cierta serenidad (sobre todo si a orgullo se refiere), con tal de que algún día nos de la sensación de que no hemos tropezado con la misma piedra cientos de veces para nada. Por este motivo, o mejor dicho, gracias a esta nueva filosofía de vida que he adquirido recientemente, ni más ni menos que en mi vigésimo tercera primavera he decidido jugar mis cartas con otra estrategia, con un toque de madurez, y he hecho de la indiferencia mi mejor As y de la risa el mejor de mis comodines. He tomado las riendas, y te has quedado fuera de lugar en menos de lo previsto... y, aunque te pueda resultar irónico (que no lo es), te doy las gracias : hacía tiempo que no estaba tan orgullosa de mí, y éso te lo debo exclusivamente a ti.
Por otro lado, déjame decirte que quizás no tenga muchas opciones, pero de lo que sí que no dispongo es de tiempo que perder. Donde las dan, las toman.

(SAYONARA, BABY)
Cuánto...
yo buscaba el cielo en tu mirada
y nunca sabré lo que encontraste tú
Que te traigan flores las mañanas
que no pases noches sin dormir
que el sueño se pose en tus pestañas
que uno de esos sueños, que me sueñe a mí
Detrás del viento, un huracán
se fue formando en la cabeza
cuando te cansas de sufrir, siempre me dejas
Mi corazón es de cristal
no guarda nada que no veas
Mi canción que nace del fracaso
es sólo una piel sobre la piel
algo que se besa y sabe amargo,
es mi boca seca y nada que beber.
Oh!! pobre corazón
que no sabe qué decir
si te vas por lo que soy
o por lo que nunca fui
Hay caminos que hay que andar descalzo
ya no te preocupes mas por mí
siempre me entra arena en los zapatos
esta vez me quedo aquí
Si te cabe el cielo en un abrazo
siempre habrá una estrella para ti
Si 14 vidas son dos gatos
aún queda mucho por vivir
*Patricia en el País de los Sueños Rotos
Sentada, Esperando, Deseo
Como ésto promete ser largo y tendido, me he puesto cómoda, en modo Zen. Me he disfrazado de él, con sus pantalones de chandal a los que le doy mil vueltas para que no arrastren, y su vieja camiseta del tenis, la cual ahora no es ni más ni menos que mi camiseta de los dulces sueños. Y no me pesa, no me hace sentir mal, me siento a gusto entre sus cosas, y mires por donde mires encontrarás pedacitos de nuestro amor por toda la habitación: las postales que siempre olvido devolverle, sus decenas de regalos, en mi ropa, en mi bolso, hasta en mi vocabulario ha dejado su huella, e incluso mis labios besan de una forma más intensa desde que probaron su boca... Su forma de vivir, su concepción del dinero, su música, es ahora la mía también. Y te preguntarás entonces qué ha cambiado desde la última vez que te escribí, y yo te puedo responder a éso con dos palabras: mi calma. Y, de todas maneras, desde la última vez que me dirigí a ti, las cosas se pusieron patas arriba, y ahora vuelven a la normalidad (ya lo dige anteriormente, no son más que ciclos).
Como por arte de magia, al poco de escribirte diciéndote que estaba mucho mejor, que había vuelto de españa renovada, con una nueva visión, y que en el trabajo bien, y que parecía que todo volvía a su lugar, pues en cuestión de días dejé aquel trabajo, en un abrir y cerrar de ojos, por seguir a áquel sin el que dicho restaurante dejaba de tener sentido para mí, porque él no es un director como los demás, él te apoya, te exige, se ríe contigo y de tí logrando que tú mismo te rías de tus propios errores y a la vez no los vuelvas a cometer. Es un tipo con carácter, con poca paciencia, pero le tengo tan calado, sé tan bien lo que quiere, que rara vez le he dado la ocasión de tener que levantarme la voz. Así que él se fué, aquello era demasiado pequeño para sus aspiraciones, no más que un lugar de paso hacia algo mejor. Y yo abandoné al día siguiente de que me diera la noticia, haciendo crecer los rumores, los cuales en un momento dado me dieron dolores de cabeza, hasta que me di cuenta que la gente, en cuanto les demuestras que algo te importa, te sacan la sangre y te provocan a ver cuánto tardas en perder los papeles. Les divierte, como si no tuvieran nada mejor que hacer, ante lo cual tomé la Vía Pantoja "dientes, dientes", y desde que decidí hacer oidos sordos, se acabaron los cuchicheos, o al menos las bromas pesadas. Dos semanas más tarde, precisamente mi último día de trabajo, se pasó por allí, y me dijo que había empezado a trabajar en Champs Elisées, que si conseguía un hueco que me lo guardaba, que "me rescataba" dijo. Tras aquella especie de promesa me tomé unas vacaciones forzadas, ya que yo acababa de volver de España y, tras la fiesta de mi cumpleaños, más la cámara, más lo que gasté durante aquellas fechas, sabía que no podía tirar la casa por la ventana, con lo cual no iba a ser tan divertido como podía parecer en un principio. Y dicho y hecho, vinieron las vacas flacas, y Febrero fue uno de esos meses en los que en lo único que piensas en es poder pasar la página del calendario, a pesar de que mon cheri directeur (como le llaman en mi presencia) cumplió su promesa, subiendo mi caché (¿qué creías?¡hasta los camareros lo tienen!) y colocándome en mi actual lugar de trabajo, con unos compañeros a los que admiro y con los que me divierto a la mínina ocasión. Sé que a algunos no les parece vida (los horarios, la fatiga, la presión...) pero yo ya me siento como pez en el agua, quizás me he acostumbrado, o quizás ésto sea lo único que realmente sé hacer, quién sabe. No sé qué es lo que me hizo tenerlo tan claro el día que firmé mi hoja de dimisión en el otro restaurante, ni me lo pensé, lo supe y punto, algo me dijo que aquel no era lugar para mí. Y es que así funciono yo, a sabe de instintos, echándole pulsos a cada reto que se me presenta, con ganas de que pase el tiempo y poder estar orgullosa de mí, y para que la próxima vez que me suceda aquello no agache la cabeza y sepa responder como es debido. Fué un día cualquiera, en una conocida discoteca parisina, yo iba a pedir en una barra de entre las muchas que había, y de entre las sombras aparece un apuesto joven, el cual me dirige la palabra y entablamos una mini-conversación que se terminó cuando le dije que era camarera. Me miró con despreció y se marchó tal y como había llegado, entre las sombras. Supongo que no alcancé sus expectativas. Me gustaría a mi ver si él es capaz (¿te ha puesto un despacho tu papá?, claro cielo, así yo también podría), y de ésto me he dado cuenta ni más ni menos que antes de ayer, cuando me dieron la tarea de formar a un chico que va a hacer prácticas en el restaurante durante un mes y medio. Es decir, es chico está es una de las mejores escuelas de hosteleria, quiere dedicar su vida a ésto, y lo que para mí ya es el día a día, cosas que salen solas (lógica adquirida con el paso del tiempo), para él es un mundo, lo que me llevó a plantearme por qué me habían elegido a mí para formarle, si yo no soy ni la más rápida, ni la mejor. Resulta que, según la la persona que tomó la decicisión (que no fue mi querido director), transmito algo a los clientes (algunos hasta piden que les sirva yo, ¿te imaginas?) y que tengo algo raro: las ganas de hacer bien las cosas. Así que gracias a esta historia del chico en prácticas se me ha subido un poquito la moral, y me he dado cuenta de que quizás no es el trabajo más glamuroso del mundo, pero tengo muy claro porqué los clientes van alli (o a cualquier otro lugar de ésos con precios extralunares para nosotros, y más aún en los restaurantes gastromónicos, en los que una pequeña entrada puede costar unos ochenta euros, y en los que se puede terminar la velada por el módico precio de trescientos euros por cabeza, sin exagerar ). Así que esa gente no va a cenar mirando los cuánto valen los platos, lo que me ha hecho perder el miedo a proponer, porque la mayoría de los clientes sólo esperan que les sugieras algo para decirte "oui, pour quoi pas?". Es gente que no vive en la misma galaxia que nosotros, a la que no le asustan los precios, de hecho rara vez me preguntan cuánto valen los diez centilitros de champagne rosé billecarte salmon. Las sirvo como caramelos, y todos contentos. Más se gastan mejor se lo pasan, y más gano yo. Y me hace gracia que porque el chico nuevo se asusta de lo rápido que va todo "c'est impresionante" -me dijo- y con todas y con ésas la presión que nos meten por ser más rápidos cada día no se queda atrás. En definitiva, me he dado cuenta de que no es tan fácil, que no cualquiera lo puede hacer, que se necesita paciencia y organización, lo cual no hay en mi vida pero consigo sacarlo de no se sabe dónde a partir del momento en el que me visto de negro, me recojo el pelo y saco la mejor de mis sonrisas. Lo que venga, será pura rutina.
En cuanto a lo personal, no tengo tan claras las cosas. Es decir, sí, sé lo que quiero, pero el panorama no es el que me gustaría, aunque ya te digo, últimamente me tomo las cosas con mucha más calma, sin que sea todo tan a pecho, tan cara o cruz, tan blanco o negro. Y puede que si las cosas están como están sea debido a mi nueva actitud de "paso de todo", pero qué quieres que te diga, me canso de estar pendiente de la gente, me agota ése desvivir por todo el mundo más que cualquier otra cosa, y me he dado cuenta de que a ciertas personas, en especial a ella, las he mal acostumbrado haciéndolas creer que pase lo que pase estaré ahí, lo cual es cierto, pero tras mucho analizar ciertas situaciones (que éso no se si se me da bien o mal, pero no puedo negar que es una tarea que me ocupa un alto porcentaje de mi vida), me he dado cuenta de que, cuando lo das todo, la gente te deja de respetar y acaba aprovechándose de las buenas intenciones del otro, y siempre es la misma persona la que da, y siempre la misma la que acapara la atención. No sé si me explico, y lo siento si paga algun justo por pecador, en fin, cada uno sabe lo que hay. Sólo digo que ya llega a irritarme esa comodidad que han adquirido ciertos, como si una relación fuera sólo cosa de uno. Y mira que siempre antes de reaccionar intento ponerme en el lugar de la persona, pues hay muchos motivos que a la ligera se nos escapan, pero que si nos paramos a pensar aunque sólo sea un poco en lo que esa persona puede estar viviendo, entenderemos mucho mejor su comportamiento. Pero estarás de acuerdo conmigo en que todo tiene límites, y que a veces hay que poner un alto en el camino si queremos que algo cambie. Lo que no se puede hacer es abusar, y no me da reparo decirlo aqui, porque ya se lo dije a ella, y ahora estoy sencillamente a la espera de algo que no sé muy bien qué es lo que es. No hace falta elegir, no hay que dejar a nadie atrás, pero teniendo en cuenta que soy una persona de detalles me he visto obligada a decirle "ya basta", porque a ella se lo permito TODO porque es ella, porque considero que los años nos han hecho inseparables y que si me hiere no es con mala intención, es más, no hay ninguna intención, me he quedado en el trastero para cuando todos los demás se vayan, lo cual no me parece justo. Por supuesto que le doy mi pleno apoyo en esta aventura, pero es que es la misma historia de siempre: la gente habla y actúa sin pensar (aunque ella dice que sabe lo que ha hecho mal, lo cual no sé qué es más grave, si no haberse dado cuenta o, por el contrario, saber que hay algo que me ha dolido y dejarlo pasar a ver si se me olvida). Es curioso cuanto menos ver cómo mi propia personalidad se vuelve contra mí, porque ella es implacable cuando algo no le gusta o no le parece aceptable, y yo hace tiempo que creé una cajita imaginaria donde meto todo aquello que me sienta mal y de lo que no quiero hacer una historia, lo que no está tan bien es que si me provocas esa inofensiva cajita se convierte en un bomba de relojería... El caso es que veo tal pasotismo ante el tema que no sé muy bien cómo tomarme las cosas, por éso yo tambien me he puesto en el mismo plan, a ver qué pasa, a ver si alguien más está dispuesto a preocuparse por lo que está pasando. Y no sólo mi conflicto con ella lo voy a encarar de esta manera, con las mismas voy a enfrentar lo que venga, y es que la palabra es "cansada". También sé que no faltará algún comentario que me diga " pero mira, tal y tal día te avisamos para que salieras y no te viniste", a lo que contesto "disculpadme si algunas veces he querido salir por aprovechar un poco mi vida y finalmente el cansancio ha podido conmigo, a mí también me encantaría perderme entre el humo y las cervezas cada día, sencillamente no puedo seguir vuestro ritmo, y de la misma manera que vosotros no podeis contar conmigo para esos geniales viajes que me dan una envidia difícilmente soportable, yo tampoco puedo contar con vosotros para que vayais a trabajar diez horas (cuando no son doce) en mi lugar".
Puede que me esté pasando un poco como a ti, que me hablabas de que, por mucho que les quieres porque has crecido con ellos, ves que tus gustos y tus valores no son los mismo, y ahora las cañas me gustan más o menos dependiendo de la compañía. También dicen que he dejado de valorar el dinero, cosa que no es cierta, lo que sí ha cambiado es la concepción que tengo de él, porque ahora lo veo sólo un medio para vivir un poquito mejor, más que como algo que hay que ahorrar y ahorrar hasta que no sepa dónde meterlo. Y ni mucho menos lo derrocho, me cuesta ganarlo y sé cuánto vale, pero también me he dado cuenta de lo que puede hacer por mí, y ni mucho menos voy a racanear si la persona que tengo en frente merece la pena, porque en otras ocasiones he sido yo la que ha estado ahí sentada sin los medios para pagar, y alguien lo ha hecho por mí, concretamente él, quién siempre me decía "hoy por ti, mañana por mi", y no me parece insensato que si te apetece realmente hacer algo, o comer ese plato francés que nunca has probado, o volver rápido a casa a altas horas de la madrugada sin tener que esperar autobuses y sin riesgos, gastarme lo que haga falta. Y sí, puede que sea mi culpa y que en realidad no me pueda quejar de que algunas personas se aprovechen, yo lo he puesto en bandeja como quien dice, pero me bastará con cortar el grifo, porque no me molesta pagar, pero cuando veo que ciertos ya no hacen ni el gesto de pagar... éso sí me hace replantearme las cosas, y precisamente por éso estoy en este plan.
Y espera, que aún no he acabado con las decepciones (ya sabía yo que ésto iría para largo, de ahí mi ropa cómoda): Ellos. Cada día estoy más perdida en este tema, y estoy libre (cual taxi, es triste que hable así de mi misma ¿no te parece?) pero ya no sé desenvolverse en este área (supongo que alguna vez debí saber cómo hacerlo, nunca me ha ido mal, o tal vez es que he tenido mucha suerte...), ya no sé qué comportamiento es el adecuado, qué puedo tener yo que no tengan las otras, qué hay que hacer para no ser la segunda (en el mejor de los casos) o directamente la invisible. Para que te hagas una idea, el viernes pasado me lo tiré enterito pensando en este tema. La cosa viene, como te podrás imaginar, del Jueves, que pasará a la historia como El Día en el que todas nos pusimos taconazos para darle la oportunidad a Omayra (metro ochenta) de ponerse esos zapatos que tanto le gustan (y así de paso pude estrenar los que aún tenía en al armario sin darle uso por el simple vértigo que me daban, y fue un duro y ridículo proceso, ¡pero conseguí andar con ellos!). Desde que me levanté, hasta que me metí en la cama en un impulso racional de acostarme teniendo en cuenta que el sábado tendría que levantarme a las cinco de la mañana, estuve pensando en cómo habían podido torcerse las cosas de esa manera la noche anterior, qué había hecho mal, qué pasó para que tuviera lugar su cambio de opinión, qué no le gustó de mí, qué me faltó decir, y sobre todo, por qué a pesar de haber estado mirándonos toda la noche, desde que entró en nuestrobardelosjueves , pasando por cuando nos invitó a ir a su casa dans le quartier, y en especial cuando alguien tuvo la mala idea de decir que era lahoradelaretirada...si parecía que nadie se podía mirar tantas veces en una vida entera como nosotros en una sola noche, por qué le acabó diciendo a ella "tu peux rester si tu veux...", dejándome con una sensación de pérdida de algo que no había tenido difícil de explicar. Es algo como...
And what’s a girl supposed to do?
Did they all run off when they knew
That I was coming round, coming round?
For a small town girl like me?
The good ones are gone or not able…
and Matt Damon’s not meant for me (Damnit again!)
Y para terminar (que ya me duele la espalda de estar aqui sentada), recordarte que no necesitas motivos para escribirme, que de hecho éso es lo que más me gusta de tus mails, que no haces preguntas y que acabas contandome cosas sin saber muy bien porqué, simplemente te salen. Y me encanta, que lo sepas. Y antes de que me lo digas, ya lo sé: no existe el hombre perfecto. Y antes de que tú lo dudes, te lo recuerdo: tampoco existe el camino perfecto, sólo existe una consecución de decisiones de las que tú eres dueño. Ánimo, y mucha suerte.
Y ya sabes, cuando quieras que te escriba, no tienes más que pedirlo.
¿Serán sólo cosas mías?
No quiero ofender a nadie, de hecho me incluyo, pues soy de esas personas a quienes una primera impresión le vale más que mil palabras, y no puedo negar que en la gran mayoría de los casos mi instinto no me ha fallado, y lo habéis comprobado con ella, por ejemplo, con la que nunca me gustó salir de fiesta porque algo me dijo que es de las que dan problemas, y con el que sí salí fue con aquel niño pijo, porque vi algo distinto en él, y hasta la fecha es el único de su clan que no puedo llamar arrogante. Pero, para los que no se hayan dado cuenta, Marzo está muy revuelto, como con ganas de guerra,y a pesar de que mi madre siempre me ha dicho que lo mío no es conocer a la gente, si no sentirla, lo que siento ahora es que debería ser más cautelosa ante mis acusaciones.
En lo que va de mes, los estereotipos y las jerarquías se han caído por su propio peso, he hecho de lo inesperado algo previsto de antemano, y he tirado la casa por la ventana con una sobredosis de "vivir y dejar vivir". No os voy a engañar, creo que me ha venido bien, y también creo que vosotros, en cierto modo (para algunos más difícil de asimilar que para otros) necesitábais este cambio de aires, alguien que rompiera nuestros esquemas, alguien distinto, salido de la nada, capaz de darnos la objetividad que nos falta. Y es que está claro que cada uno de nosotros vivimos situaciónes distintas, pero en este mes todos hemos hemos tenido ganas de meternos en la boca del lobo, porque quién sabe si, más allá de que lo necesitáramos o no, hubiera sido más peligroso dejarlo simplemente pasar como si nada.
Diréis que pierdo el tiempo, pero es que os miro, y me miro, y en realidad no somos tan tan distintos como pueda parecer, y lo digo porque a todos y cada uno de nosotros nos han bastado unos cuantos atisvos de primavera para replantearnoslo todo, desde cuál es el look que más nos favorece de cara al verano, hasta dudar de si ésa es la persona con la que queremos estar el resto de nuetros días. Decidme si me equivoco, pero hasta hace poco no había registro de una futura arquitecta que pierde la cabeza por un gato callejero (ella sólo quiere que le enseñen a vivir. Él busca en sus besos el dulce hogar que nunca tuvo). Tampoco supe nunca antes de un físico que decidió desempolvar su guitarra el día en el que volvió a sentirse enamorado (y desde entonces se encuentra entre la espada y la pared, y su dulcinea no puede hacer más que esperar hasta nuevo aviso). Y lo que sí que me tiene hecha ascuas es la paciencia de aquellos que, en especial en las noches de borrachera, se quieren a matar y debaten sobre política en lugar de descubrir qué sería besarse (y a mi que me parece que lo más grave que puede pasar es lo más que os aplaudamos). Lo que sí que me dejó de piedra fue aquel mail de un nuevo miembro de la Policía Nacional que me preguntaba qué tal me iba en China (sin comentarios), a lo que se suma que al par de días me llegara otro de una vieja amiga de la que tampoco sabía nada de ella desde hacía años. Parece como si en este mes todos quisiéramos tachar algo pendiente en la lista. Porque qué me decís de aquella chica vestida de muñeca a la que un conejo de la suerte le robó un beso, ¿quién se lo esperaba?. Y para inesperado, otros que han decidido también cambiar de aires son aquellos que al poco de haberse mudado al nuevo piso deciden que están hartos de esta ciudad y que quieren recorrer el país en caravana. Así, sin más, en Agosto nos dejan para vivir su propia historia. La que da vértigo es la de Quentin y Flore, que acaban de tener un niño al que, por cierto, tengo muchas ganas de ver, y lo cogeré en mis brazos y pensaré "wooooooaaauuuuu"(y es que algunas cosas simplemente me sobrepasan). Por si no fuera poco (sí ¡todo en tres semanas! parece increíble, ¿no?). Laura, mi karatekid preferida, ya está oficialmente viviendo en Londres y se casa este verano. Y puede que suene extraño pero me agobia todo ésto, es decir, entrar en esa fase en la que la gente toma grandes decisiones, y quedarme estancada entre un entorno que se hace mayor y madura y toma las riendas de su vida... Lo que sí que ha sido raro es volver a tener a mi madre aqui, que, a pesar de haber podido estar muy poco con ella, me ha reconfortado el alma y me ha puesto tiritas de colores en el corazón a ver si se me cura rápido, como cuando de niña me caía de la bici bajando la cuesta y ella me levantaba y me decía "no llores, ya lo conseguirás". Sin duda, ha sido un encuentro que me hacía falta.
Supongo que es el cúmulo de noticias lo que me ha hecho despejarme un poco de mis muchos existencialismos y melodramas. Me he distraído, he pensado en otras cosas, he querido abrir la ventana a ver qué había ahí fuera... Me he espabilado en cuanto al trabajo se refiere y parece que las cosas van mejor, más normales, más tranquilas. Y hablando del trabajo, esta mañana ha tenido lugar una anécdota que me ha dejado d'un aire contrarié, sin saber muy bien qué decir. Resulta que estábamos varios de mis compañeros y yo en el patio del edificio y algunos de ellos han comenzado a hacer bromas a cerca de mis productíferas bailarinas a casi 70 euros, las cuales al cabo de escasas tres semanas de haberlas comprado se han desmontado (literal) dándome un aspecto de mendiga. Para los que no me conozcan mucho diré que una soberana tontería puede arrancarme carcajadas y hacer que me duelan las costillas. Vaya, que me parto con las estupideces. Así que yo he estado a la altura de la ocasión y he estallado en risas, hasta que he oido el nuevo comentario de uno de los presentes: "Nunca te había visto reir. Es agradable verte así". Y el resto me ha mirado como con ternura, ha sido bastante extraño. Por supuesto que ha sido bonito, pero me ha parecido triste el hecho de que, con lo fácil que es que yo me ría, que les llame la atención el verme contenta y despreocupada...
Y ya para terminar con este mes de locos en el que ha salido el sol y en el que nos han entrado ganas de ser un poco más decididos y un poco menos cobardes, y de aceptar los cambios como simples partes de un ciclo que desconocemos (y que por éso nos da miedo) como la única vía para ser lo queremos ser... ahora, para guinda del día, escucho en una grabación del teléfono la voz de aquel que a pesar de no estar a mi lado me acompaña a donde quiera que vaya, la misma voz que me ha acelerado el batir en el pecho como sólo ella sabe. Y me he quedado como dice la canción: "sin saber qué decir", con una sóla idea en mente: "ale, tres días más, y será otro mes".
Claro como el agua
Te escribo para decirte, básicamente, que estoy confundida e impactada a la vez tras haberme planteado cómo has podido considerar el querer salir de mi vida como una opción viable. ¿Cuánto tiempo te has parado a pensarlo? O mejor aún: ¿cómo has podido llegar a tener la duda de que te dejaría marcharte sin más? ¿Qué se suponía que iba a decirte: "Sí, claro, como quieras?". Pues no, estás muy equivocado, y me cuesta creer que, después de todo lo que hemos pasado juntos (ni más ni menos que once años), voy a dejar que te vayas. Porque tú eres de esas personas de las que quedan pocas, y deberías saber que, como todas las rareras, eres insólito, y, que lo entiendan los demás o no, no debería importarte porque éso es simplemente genial.
Me sorprendo de que no llegues a entender lo que me ayudas a seguir adelante, el apoyo que siento que me das no tiene precio. Que no puedes irte quitándole el razonamiento a mi cabeza loca y distraída, y puedes dar por hecho que no quiero no volver a saber de ti. Ni siquiera me gusta cuando os abandonáis tú y tu blog, porque cada vez que te leo me sumerjo en relatos e historias que no quiero que se acaben, y me entra la impaciencia cada vez que entro en tu espace y no hay algo nuevo. Es sólo una forma de demostrarte que estoy ahí, y aunque a veces no lo parezca te sigo, estoy contigo, y yo siento que estás conmigo. Tú condicionas mi vida por el simple hecho de que eres tú, incluso algo cambia en ellos cuando decido hablarles de ti, como presentándote, ya sabes, que al fin y al cabo hay personas en la vida de las que si no hablamos no podemos ser nosotros mismos, de las que nos han marcado tanto que se impregnan en nuestro nombre y apellido dándoles sentido a lo que somos. Lo que es curioso es la reacción que tienen todos aquellos tras saber quién eres. A ésos que me quieren conocer y/o besar en el cuello les resulta abrumadora la idea de que otro chico haya sido tan importante para mí, les entran unos celos raros y más de uno se lo ha planteado dos veces antes de querer darme a elegir. Pero la clave de lo nuestro está en algo que me dijo tu hermano cuando yo aún estaba en Granada: "Mira, tu te has liado con muchos otros, mi hermano estaba loco por ti y a ti te daba igual. Puede que él tenga derecho a decirte ahora que no, por mucho que te duela". Estas palabras se me han venido muchas veces a la cabeza, y el día que acepté que llevaba razón en lo que decía hice la diferencia entre el antes y el después, y de paso recuperé a mi primer y mejor amigo. Y a partir de ese momento tú y yo somos otros, con nuestros antecedentes claro, pero hemos conseguido tener algo más grande, más fuerte: una verdadera amistad.
Puede que algunas veces esté tan metida en mis cosas que no me haya dado cuenta de que algo en ti no estaba bien, pero lo que no sabes es que me hace falta la mínima provocación para salir en tu defensa, y no tengo pensado dejar de hacerlo, asi que no me vengas con que quizás es mejor dejarme en ¿paz?, porque le quitarás el sentido a cada vez que levanté la voz por ti haciendo tambalear una relación tras otra. Y nunca te he dicho ésto porque no me parecía necesario, quizás ibas a sentirte culpable o vete tú a saber, y el caso es que yo lo tengo tan claro como el agua: o te aceptan o ya saben dónde está la puerta. Y podría llamarte y gritártelo para que de una vez por todas se te vayan las dudas pero, sinceramente, creo que con ésto tendría que valer, porque si echas un vistazo atrás en mi blog te darás cuenta de que no no hay muchas personas de las que pueda hablar así, y considerando que pueden pasar años sin que nos veamos, me parece todo un record. No lo eches a perder ahora...
19 de Marzo
Tengo cientos de motivos para no decirte lo que se dice en el día de hoy a todos los padres, pero sé que hoy vas a pensar en mí y apuesto a que no te vas a sentir orgulloso de ti mismo. Y aunque siempre he pensado que si realmente lo hubieras querido habrías puesto más interés, nadie se merece llevar sobre sí una carga de estas magnitudes, y hoy he decidido perdonarte. Feliz día, papá.
La pieza que le falta al puzle
Está claro que cuando no estamos bien con uno mismo, por mucho que nos esforcemos (si es que lo hacemos, que se dan momentos en los que ni ganas de intentarlo tenemos), es imposible estar bien con el resto. Es una bola de nieve, los malos momentos de compactan unos con otros y luego todos a la vez hasta que se convierten en un todo absorbente e omnipresente, de tal manera que perdemos la noción y se nos olvida incluso en qué lugar, cúando, cómo y sobre todo porqué dejamos de ser felices. ¿Fueron las malas decisiones? ¿la rutina? ¿ el estress? ¿las mentiras tal vez?. Apuesto a que las verdades sí tuvieron algo que ver.Pero lo que me interesa realmente ahora no es indagar en el pasado, si no que directamente necesito que ésto cambie. Me hace falta. Lo necesito y ya. Todos lo sabemos, que no puedo seguir así, dando tumbos, que ya no tengo quince años para estar jugando a hacerme la triste, ¿por que qué problema grave tengo en realidad? Estoy sana (y teniendo en cuenta mi equilibrada dieta éso si que es un milagro), tengo trabajo, dónde vivir y estoy soltera, nada de malo tendría que haber... Pero es como si no pudiera estar contenta, como una mala digestión que dura meses, que se expande y que no me deja pensar en otra cosa dándome continuos dolores de cabeza y de la que estoy más que harta (me imagino que los que lo sufren conmigo aún más). Pero dejadme deciros que soy la primera interesada en que ésto acabe, porque a veces siento que he perdido la ilusión, y es entonces cuando me digo a mí misma "ésa no eres tú". Y me da rabia, mucha, ni te imaginas, ver cómo pasan los días sin que haya conseguido levantar cabeza, tambaleándome de un lado a otro, reaccionando con actos incomprensibles, sin rumbo ni meta que seguir, y agotando la paciencia de cualquiera. Lo que pasa es que creo que me he acostumbrado a esta situación, y con mis decepciones y mis silencios he construído un muro blindado en el que no hay manera de que entre el aire puro, una negatividad de la que no consigo desprenderme, un desinterés por todo que no considero sea normal (supongo que necesito una escapada a España, que pareció hacer milagros en Enero). Por éso grito aqui y ahora: BASTA. SE ACABÓ. DISFRUTA. APROVECHA, DEJA DE PENSAR QUE LAS COSAS VAN MAL, E IRÁN BIEN... no puede ser taaaaaan complicado, sólo tengo que dejar las cosas fluir (sabias palabras de una que estaba en las mismas), sin impacientarme, sin precipitarme, sin sofocos, sin nervios, sin estupideces que cuesten disculpas...
En definitiva :ESPABILA RUBIA, QUE YA VA SIENDO HORA.
Sé que no debo pero... no lo puedo evitar
J'avoue c'est pas le bonheur
Moi je vivais d'amour
Et aujourd'hui je n'ai plus l'âme sœur
J'écoute ma douleur
Et le silence est lourd
Les secondes sont des heures
J'imagine ce que tu dis, ce que tu fais, ce que tu penses
Je devine ce que tu vis à ses cotés en mon absence
J'ai laissé
Les fleurs du jardin se faner
J'ai laissé
Ton odeur sur l'oreiller
J'ai laissé
Les volets fermés tout l'été
Pour ne plus voir le jour se lever
J'avoue c'est pas le bonheur
Moi je rêvais d'amour
Aujourd'hui j'en ai plus le cœur
J'avoue et j'effleure
Nos je t'aime pour toujours
Qui lentement se meurent
J'imagine ce qu'elle t'a dit, ce qu'elle te fait, ce qu'elle en pense
Je devine ce que tu vis à ses cotés en mon absence
J'ai laissé
Les fleurs du jardin se faner
J'ai laissé
Ton odeur sur l'oreiller
J'ai laissé
Les volets fermés tout l'été
Pour ne plus voir le jour se lever
Et la nuit j'entends ta voix
Et ton corps, je le vois
Mais la nuit j'entends dans ta voix
Que tu ne reviendras pas
J'ai laissé
Les fleurs du jardin se faner
J'ai laissé
Ton odeur sur l'oreiller
J'ai laissé
Les volets fermés tout l'été
Pour ne plus voir le jour se lever
J'ai laissé
Les fleurs du jardin se faner
J'ai laissé
Ton odeur sur l'oreiller
J'ai laissé
Les volets fermés tout l'été
Pour ne plus voir le jour se lever
Pour ne plus croire aux contes de fées
A veces simplemente creo que éste es el cuento de nunca acabar...
Me niego a celebrar San Valentin
Reconozco que si he llegado a este punto es por lo mucho que nos reíamos (no todo es malo claro), por la ilusión que creaste en mí al hacerme sentir que le gusto a alguien, por el gusto de compartir un buen restaurante con algun chico interesante, porque estabas ahí cuando te necesitaba... pero se me ha ido de las manos, tú ya estás a atro nivel, y yo cada vez tengo más ganas de salir corriendo.
Así que aqui estoy, tan decidida como la última vez en la que chafaste mis planes con una velada maravillosa, que parecía que te lo huberas olido y te hubieras propuesto hacérmelo imposible. Pero dime, tú, sinceramente, ¿hasta cuándo crees que podremos seguir así, con una de cal y otra de arena, tú que quieres más yo que quiero menos? ¿qué quieres celebrar el catorce de Febrero? ¿que nos queremos? Los dos sabemos lo que hay, que ya has visto el brillo de mis ojos cuando le nombro, o cuando te entra la curiosidad y preguntas por él, o como cuando por algún recuerdo me salta su nombre a la boca y sonrío. Por favor, no me lo pongas más difícil, no me pidas San Valentin, no te lo daré: es suyo.
(El problema no es quién eres, si no quién no eres)
Y para terminar, una ironía de la vida: para una vez que no trabajo la tarde del 14, nadie me va a decir Te Quiero


